Eso fue Adelaida mía
y no pude contarle más
no pude confesarle a él más de lo que ahora yo a ti
ahí en la sacristía
y he ahí que has de callar, Adelaida
Sí
callar esa curiosa boca y creeme, Querida Mía
L'ambulancia llegó cuando Margareth tenía en sus brazos al pequeño
No hubo más qué hacer
Sí
Los fósforos engranaron perfecto
como la astilla que esperaba abrir l'herida
en su agudo vaticinio.
Eso fue Adelaida
Tienes que creeme, él dormía y Margareth no le vio llorar como quisiste.
Entonces nunca más supimos del otro:
de ti y de mí.
Y la cortesía del despido se castró en silencio
para contarnos que sólo tú o yo, y no Margareth ni el pobre chico
podríamos satisfacer esa expectante cortesía en la misiva
en esta que creo estabas esperando, lo sé.
(Y tendrás que creerme.)
La verdad no es como uno espera decías.
y estarás conmigo de acuerdo en que esto no me favorece:
ni a ti, ni amí.
Ese niño nos enemistó por siempre Adelaida.
Ese niño qu'nunca lo fue
Ese niño al que acudiste en mi breve ausencia
en esa noche de candelabros y confeti
acaso negaras que le buscaste cuando el júbilo de suyo no se sostuvo en el salón
acaso lo hicieras
entonces
ahora me arrepentiría de haberle inducido en el más profundo sueño antes que su Margareth le hallara.
Me arrepentiría de haberte ayudado a callar tu invasión, Adelaida Mía.
Me contentaría con la ira que nos tuvimos cuando l'ambulancia llegó a la mañana entrante,
cuando Margareth encontró esa imitación de carta del chico ése,
confesándole con descaro....
(lo que yo por entonces quise confesarte)
Cuando Margareth, su madre la soltó mientras se le desvanecía el cuerpo en esa última línea:
"Y así me gustaba mamá, hazte cargo tú, que yo no me la banqué"
Me contenraría con nuestra enemistad
y nunca habrías recibido misiva alguna
si me dijeras que no le amabas con locura
que no le querías ver sangrar de amanecida en las manos de su madre
que no te excitaba imaginar esa escena
y tan sólo haber dado el pie a imaginártelo
pues nunca estuviste allí, Adelaida Mía,
y cuando termines de leer esto de seguro no querrás estar dondequiera que estés.
(Ejercicio: género epistolar/Narrador Autorial, taller Moda y Pueblo).
y no pude contarle más
no pude confesarle a él más de lo que ahora yo a ti
ahí en la sacristía
y he ahí que has de callar, Adelaida
Sí
callar esa curiosa boca y creeme, Querida Mía
L'ambulancia llegó cuando Margareth tenía en sus brazos al pequeño
No hubo más qué hacer
Sí
Los fósforos engranaron perfecto
como la astilla que esperaba abrir l'herida
en su agudo vaticinio.
Eso fue Adelaida
Tienes que creeme, él dormía y Margareth no le vio llorar como quisiste.
Entonces nunca más supimos del otro:
de ti y de mí.
Y la cortesía del despido se castró en silencio
para contarnos que sólo tú o yo, y no Margareth ni el pobre chico
podríamos satisfacer esa expectante cortesía en la misiva
en esta que creo estabas esperando, lo sé.
(Y tendrás que creerme.)
La verdad no es como uno espera decías.
y estarás conmigo de acuerdo en que esto no me favorece:
ni a ti, ni amí.
Ese niño nos enemistó por siempre Adelaida.
Ese niño qu'nunca lo fue
Ese niño al que acudiste en mi breve ausencia
en esa noche de candelabros y confeti
acaso negaras que le buscaste cuando el júbilo de suyo no se sostuvo en el salón
acaso lo hicieras
entonces
ahora me arrepentiría de haberle inducido en el más profundo sueño antes que su Margareth le hallara.
Me arrepentiría de haberte ayudado a callar tu invasión, Adelaida Mía.
Me contentaría con la ira que nos tuvimos cuando l'ambulancia llegó a la mañana entrante,
cuando Margareth encontró esa imitación de carta del chico ése,
confesándole con descaro....
(lo que yo por entonces quise confesarte)
Cuando Margareth, su madre la soltó mientras se le desvanecía el cuerpo en esa última línea:
"Y así me gustaba mamá, hazte cargo tú, que yo no me la banqué"
Me contenraría con nuestra enemistad
y nunca habrías recibido misiva alguna
si me dijeras que no le amabas con locura
que no le querías ver sangrar de amanecida en las manos de su madre
que no te excitaba imaginar esa escena
y tan sólo haber dado el pie a imaginártelo
pues nunca estuviste allí, Adelaida Mía,
y cuando termines de leer esto de seguro no querrás estar dondequiera que estés.
(Ejercicio: género epistolar/Narrador Autorial, taller Moda y Pueblo).
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