domingo, 23 de septiembre de 2012

Cuando la taxonomía vale menos que la poesía

En árboles solía arrimar
de uno en uno

cual si fuese voladora ardilla

pero era un gomero el árbol
al cual me arrimé más


y en un sencillo jardín
de Santiago de Chile

Nunca
por mi cabeza cruzó siquiera
esa idea:

"No poder volar alguno de ellos
como otros tantos diferentes".

No obstante ése
me cautivó como el que más.

Cuando me encontré con sus hojas resbalosas
no sentí sino un desvarío furioso
y recordaba mi esencia voladora
contemplando mis garritas
recogido por las noches
entre los orígenes de sus brazos.

Con el tiempo
se cruzó por mi cabeza
una idea:

"Qué tal si no eran los gomeros mi árbol de aterrizaje
acaso fuera yo la especie lejos de su nicho ecológico
acaso yo no supiese realmente cuál era el árbol que mi especie abordara"

Emprendí así un último vuelo
en el recobro de aquella naturaleza

Todavía espero tocar tierra
y más ingenuo espero arrimarme al mismo árbol.

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